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La técnica del doble faz

Una prenda que no necesita esconder nada

La mayoría de los abrigos tienen un secreto: el interior. Un forro que oculta las costuras, que tapa las uniones, que disimula lo que el tejido no puede mostrar. El doble faz no tiene ese secreto — porque no lo necesita.

En un abrigo confeccionado en técnica de doble faz, el tejido se trabaja por ambas caras sin forro interior. El interior de la prenda es tan cuidado y acabado como el exterior. Cada costura, cada unión, cada detalle está resuelto con la misma precisión que lo que se ve desde fuera. No hay nada que ocultar porque no hay nada que avergüence.

Eso es posible únicamente cuando la materia prima y la confección están a la altura.

¿Qué es la técnica del doble faz?

La técnica del doble faz es una construcción de sastrería en la que el abrigo se confecciona con un tejido especial formado por dos capas tejidas a la vez en el telar — con una cara exterior y una cara interior perfectamente acabadas — y unidas entre sí por una trama de ligadura ligera. Esa unión es lo bastante firme para que el tejido se comporte como uno solo, y lo bastante delicada para que las dos capas puedan separarse manualmente en las costuras y coserse de forma individual.

El resultado es una prenda sin forro, sin entretelas industriales, sin hombreras rígidas. La estructura del abrigo no la dan capas añadidas — la da el propio tejido. Por eso un doble faz auténtico puede ser, al mismo tiempo, más cálido, más ligero y más limpio en su silueta que un abrigo convencional del mismo gramaje.

Es la técnica histórica de las maisons italianas de sastrería. Casas como Zegna llevan más de un siglo perfeccionándola. Es la construcción que define el abrigo italiano de alta gama del siglo XX y que sigue siendo, hoy, el estándar técnico más exigente al que puede aspirar una prenda de abrigo.

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Cómo se confecciona

El doble faz comienza en el tejido — una tela construida en dos capas unidas durante el proceso de tejedura. Pero la técnica de verdad empieza después, en la mesa de confección.

Cada costura del abrigo requiere un proceso que no admite atajos: hilvanar una guía a lo largo de toda la línea de costura, separar manualmente las dos capas del tejido con tijeras finas, coser cada cara por separado con márgenes de apenas 5 milímetros — frente a los 15 milímetros habituales en confección convencional —, y cerrar la costura plegando el tejido sobre sí mismo y rematándola a mano por la cara interior. El mismo proceso se repite en cada borde, en cada dobladillo, en cada pinza, en cada unión.

No hay maquinaria que resuelva las costuras del doble faz de forma automática. Es trabajo de aguja, hilo y tiempo. Por eso un abrigo en doble faz exige entre tres y cinco veces más horas de confección que un abrigo convencional con forro. Y por eso pocas marcas lo hacen — porque industrialmente no es viable, y artesanalmente requiere una pericia que no se improvisa.

Qué es y qué no es un abrigo doble faz

Conviene aclarar esto, porque el término se ha usado de forma confusa en los últimos años.

Un abrigo doble faz no es un abrigo reversible con efecto pelo o borreguito por dentro. Lo que se vende habitualmente bajo el nombre "doble faz" en moda comercial son prendas de dos tejidos distintos pegados o cosidos entre sí — uno por fuera, otro por dentro — donde el interior suele ser un material sintético con efecto piel o borreguito. Es una construcción legítima, pero no es la técnica del doble faz. Es, técnicamente, un abrigo con dos tejidos enfrentados.

Un abrigo doble faz auténtico parte de un único tejido construido en dos capas unidas durante la tejedura, con ambas caras nobles y acabadas. No tiene forro interior, ni capa sintética, ni efecto añadido. Las dos caras del abrigo son el mismo tejido — la misma calidad, la misma fibra, el mismo gramaje — y la técnica está en cómo se separan y se vuelven a unir esas dos capas en cada costura para que la prenda quede limpia por dentro y por fuera.

Un abrigo con forro convencional, por su parte, es un abrigo de una sola capa de tejido al que se añade un forro interior — habitualmente de viscosa, cupro o poliéster — para ocultar las costuras y facilitar la confección. Es la construcción mayoritaria del mercado, perfectamente válida, pero en otra categoría técnica.

La diferencia se nota al ponerse el abrigo: en un doble faz auténtico, lo que toca la piel es la misma fibra noble — lana virgen, cachemira o sus mezclas — que se ve por fuera. No hay frontera entre interior y exterior. Es una prenda hecha de una sola pieza de honestidad.

Por qué exige tejidos nobles

El doble faz no perdona el tejido. Al no tener forro que oculte el interior, la calidad de la materia prima queda completamente expuesta — por dentro y por fuera. Un tejido de calidad inferior mostraría sus imperfecciones en cada costura, en cada acabado, en cada dobladillo.

Por eso en Murmells el doble faz solo se trabaja con cachemira y lana virgen de Biella o cachemira pura de los mismos molinos del Piamonte italiano. Tejidos en gramajes de entre 500 y 720 g/m², con el peso, la consistencia y el acabado necesarios para que la técnica funcione en todo su potencial — y para que el interior de la prenda sea tan bello como el exterior.

Lo que aporta a la prenda

Un abrigo en doble faz tiene una presencia diferente. Más densa, más estructurada, más definitiva. La ausencia de forro hace que el tejido caiga de forma más natural y que la silueta sea más limpia — sin ese efecto de capas que a veces genera el forro.

Es también una prenda más ligera de lo que aparenta. Al construirse la estructura desde el tejido mismo y no desde capas añadidas, el peso se distribuye de forma uniforme sobre los hombros — sin la rigidez concentrada de las construcciones convencionales. Eso permite un abrigo con cuerpo y caída impecables que, al ponerlo, se siente como una segunda piel y no como una armadura.

Es más cálida y más honesta: al eliminar el forro sintético, son las dos capas de tejido noble las que están en contacto directo con el cuerpo. La piel no toca poliéster ni viscosa — toca lana virgen o cachemira. Una diferencia que se nota desde el primer momento en que te pones el abrigo y que no desaparece con el uso.

Y es más duradera: sin un forro que se desgaste, descosa o deteriore con el tiempo, la prenda envejece de forma más uniforme y digna.

Un abrigo en doble faz no es una prenda más. Es una declaración de intención sobre cómo debe hacerse la moda.

El doble faz en Murmells

Cada abrigo atemporal de Murmells se confecciona a mano aplicando la técnica de doble faz. Es la técnica que define la colección, la que exige más tiempo y más criterio en la selección del tejido, y la que mejor representa la filosofía de la marca: hacer las cosas bien, sin concesiones, con los materiales que merecen ese nivel de atención.

El tejido procede de los molinos históricos del Piamonte italiano — la misma región que abastece desde hace más de un siglo a las grandes maisons europeas de sastrería. La confección se realiza en España, a mano, en producciones intencionalmente limitadas. Cada abrigo lleva entre veinte y treinta horas de trabajo de aguja sobre el tejido — un tiempo que no se compra, se invierte.

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